Letras, mi refugio...

Yo muchas veces no se què hacer allà afuera en el mundo real, sin embargo siempre se què hacer aquì con mis letras...

Thursday, February 24, 2011

Te busquè...


El dìa no estaba caluroso como de costumbre, asi que hice un moño en mi cabello y
salì a dar una caminata, pensando que te iba a encontrar en la multitud de gente
que deambula por el centro de la ciudad y nadie se da cuenta del dolor que traigo
a cuestas, pero es mejor asì, me averguenza que vean lo enamorada que sigue mi alma,
sin embargo, se que no debo buscarte ni perdonarte ni derramar una làgrima por tì.

Aunque el primer descorche de vino nocturno me hace llorar por tì, prefiero caminar
sobria por la ciudad, mirando cada rostro encubierto de calor para ver si puedo por
fin hallarte... pero jamàs sucede.

Puse mis pies en el cemento opaco de la calle y sentì un calor que recorrìa mi cuerpo entero,
me descubrì nerviosa, aunque somnolienta. Comencè a caminar y mirar las vitrinas tristes
de la ciudad, me detuve a mirar a cada hombre de traje, pero una vez que se volteaban me
percataba de que no eras tu, ningùn hombre tenìa esa implacable mirada tuya ni esos hermosos
labios que cada vez que tocaban los mìos sentìa que mi cuerpo se deshacìa.

Mientras mas me alejaba de mi casa màs me asaltaba la idea de encontrarte por ahì, ojalà devastado
para tomarte y salvarte, para ser una heroìna en tu vida. Pero no aparecìas ni en el polvo que levantaban
mis pies. Sòlo estabas en mi agònico pensamiento.

Cuando mi mirada se encontraba con la de otra persona, de vereda en vereda, pensaba, nadie se imagina
lo que ando buscando como una perra abandonada en estas calles, en estas calles que alguna vez transitè
contigo, mientras sostenìas mi mano y me mirabas con ojos tan llenos de amor... pero no fui capaz
de cuidarte amor... no fui capaz.

Ya con mis pies cansados mi caminata fue cesando al igual que mi esperanza de encontrarte en algùn rincòn.
Decidì devolvermme y comenzaron A bajar por mis mejillas unas làgrimas desilucionadas y ya no me importaba
que la gente se percatara de mi sufrimiento, ya no me importaba nada. Jamàs te volverìa a encontrar, pues
asumì entonces que te habìa perdido y preferì no seguir luchando. Ya no debìa seguir recordàndote ni continuar
con este absurdo dìa a dìa.

Un escalofrìo recorriò mi cuerpo y sentì que mi tristeza serìa mìa para siempre, como una maldita mochila siempre
te llevarìa en mis hombros como una interminable nostalgia de lo que alguna vez fuimos... de lo que jamàs
volverìamos a ser.

Me tumbè sobre el pasto y me deshice en tus recuerdos... recuerdo que llorè toda la tarde y no me cansè de tener
làstima de mi.



Enero 2011

Saturday, January 29, 2011

Las llaves de Ricardo...

No era casualidad que Ricardo dejara las llaves en el departamento, de hecho varias veces tuve que escapar de la oficina, tras un llamado jadeante y desesperado porque las habìa dejado dentro. Sin embargo, esta vez fue distinto, su llamado fue tranquilo y dirìa que un poco asustado. Pero al fin y al cabo, otra vez le habìa sucedido, sus llaves estaban dentro del departamento y el estaba en la recepciòn del edificio, sudado de calor y esperando a que yo llegara en su rescate.

Cuando lleguè le dije : Esta es la ùltima vez que vengo a abrirte la puerta, no puedo entender que te suceda lo mismo una y otra vez.

Y el me respondiò alicaído : Lo se, lo siento. Serà la ùltima vez, te lo prometo.

Fue tan dulce y desesperada su respuesta, que esbocé una sonrisa tìmida y lo abracè, y dejando mi consecuencia de lado le dije:

Està bien, igual tu sabes que siempre voy a venir a abrir si es que se te han quedado las llaves dentro del departamento.

Cuando ìbamos en el ascensor me detuve a mirarlo, y fue como si el tiempo hasta el dècimo piso no transcurriera, habìan unos 35 grados de calor y me percatè de que mi hijo estaba grande, un hombrecito. El iba en silencio y de vez en cuando me miraba de reojo, pero yo me deleitè miràndolo, era el hombre màs lindo que habìa visto en este mundo. Tenìa unos pequeños retoques caoba en su cabello desordenado, su nariz era tìmida, màs sus ojos con un carácter especial. Bajo su nariz, y con la luz artificial del ascensor me percatè de un bigotillo tìmido que le comenzaba a crecer. Sus pestañas siempre fueron prominentes y su tes blanca pero siempre se sonrojaba.

Cuando llegamos a nuestro piso, me dejò salir primero del ascensor y me dijo: Ufff que calor hace afuera. Y le respondì, sì, imagìnate el calor que voy a tener yo ahora cuando vuelva corriendo a la oficina para que no se den cuenta de mi ausencia. Entonces me dijo: Pero tu sabes como llegar sin que nadie haya notado tu ausencia.

Cuando ìbamos entrando al departamento, me dio una angustia en el pecho, algo carcomìa mi corazòn pero pensè que era porque sabìa que al dìa siguiente Ricardo tomarìa vuelo a otro paìs en donde iba de intercambio escolar. Eso me tenìa triste y extraña hace dìas. Una vez que entramos el fue corriendo a la cocina a beber un vaso de jugo helado, y tambièn me trajo uno a mì. Lo bebimos en silencio, cada uno sabìa que al dìa siguiente estarìamos separados, y yo notaba su miedo, pero no querìa hacer alarde de eso. Lo abracè y miràndolo a los ojos le dije: Bueno hijo, me voy a la oficina, recuerda que hoy llego tarde, no me esperes dormido. A lo que el asintiò con la cabeza y yèndose a su habitación fue tirando sus zapatos, su camisa y desvistièndose como era de costumbre, todo un desorden.

Al dìa siguiente, tipo 6 de la mañana sonò mi despertador y fui a despertar con una bandeja de desayuno a Ricardo, nos levantamos en seguida y nos fuimos rumbo al aeropuerto. En el auto ìbamos en silencio y mis làgrimas no tardaban en salir, pero aguantè lo que màs pude. Ricardo siempre fue de poca demostración, era mas bien callado, pero cuando hablaba siempre era un agrado escucharlo.

: ¿Estàs seguro de ir? Estàs contento con esto? Y en seguida se puso recio, me mirò con serenidad y me dijo: Si madre, estoy muy contento y muy seguro.

Pensè que me dirìa algunas palabras tiernas antes de irse, pero me conformè con un abrazo apretado y comprometido. Cuando terminò de abrazarme me dio un sobre y me dijo: Lèelo cuando me haya ido.

Asì lo hice, apenas se fue abrì el sobre, temblorosa, y decìa:

“Madre, se que no he sido expresivo contigo, pero quiero que sepas que te amo y te voy a extrañar mucho. Ayer creo que dejè las llaves de adrede en casa para verte un instante màs, y creo que todas las veces anteriores desde que tengo llaves, lo hice con la misma intenciòn. Espero que a la vuelta de mi viaje tenga muchas buenas noticias para darte y pueda volver a dejar mis llaves dentro una y otra vez.

Con amor,

Tu hijo”

Ma. Josè Fernàndez

2011

Thursday, December 03, 2009

Siempre conmigo

Y de tanto evadir lo que toda la vida temí, tuve que afrontarlo.
Me vi sola en el espejo y lo más triste es que siempre ha sido así, pero lo disfracé con tantas sombras en mí andar.
En un comienzo me inundó un tremendo escalofrío, se irguió tanto mi piel que el miedo me causó espasmos, estaba sola conmigo misma y no había opción de escapar de ahí.
Cuando comencé a respirar profundo para calmar mi sed de la fugaz vida social, me di cuenta de lo grandes que son mis ojos, de cómo se dilatan mis pupilas cuando pienso en algo hermoso, de lo respingada que es mi nariz y de lo hermosa que se ve con el último rayo de luz del día en frente del espejo.
Procuré cobardes pasos hacia la sala de estar y me senté a ojear un libro, pero me percaté de que aquella tarde nada sería más interesante que consentirme, preguntarme, responderme, llorar, reír, abrazarme y amarme como si fuera la última cita conmigo misma.
Cuando ya oscurecía descorché un vino y una dulce brisa fresca se vino a dar en el ventanal, fue ahí cuando comencé a estremecer en una suerte de miedo y alegría… ya no tenía miedo de mi soledad, ya no le temía a más nada.
Transcurriendo los dulces minutos de mi cita conmigo fui contemplando cada uno de mis recuerdos en mi cabeza y los guardé sagradamente en un depósito temporal.¡Qué nostalgia maravillosa me gobernó en ese momento!… tan maravillosa que sentí deseos de salir corriendo por la calle a tomar mi propia mano y aventurar con ella a la osada noche.
Cuando ya mis ojos resignados de placer por conocer a tan implacable mujer fueron cesando, recogí mis piernas y me volteé a mirar el cielo que vestía mi cuarto de varios colores con una tremenda luna… fue tanta la dicha de aquél día que sentí que la luna nos entregaba su venia para estar juntas… para siempre juntas.

Wednesday, June 03, 2009

Miguel, el profe...


“Amor mío, te escribo ésta nota para contarte que estoy esperando un hijo y te perdono por todo lo sucedido… me inunda tanta felicidad que hasta pareciera que olvidé los malos ratos que pasamos la semana pasada. Te espero hoy en casa y con tu comida favorita… te amo… te amo Miguel.”Inés dejó una nota con el portero de la Facultad en donde Miguel hacía clases y se fue caminando por el parque vestido de otoño y de radiantes colores amarillos.Cuando llegó Miguel a la Universidad, atrasado como de costumbre de su hora de colación y también como de costumbre con una chiquilla, alumna de él por cierto, con la que pasaba largas horas en el parque besándose y compartiendo frases de literatura, no pasó por portería y siguió corriendo hasta el aula de clases.Finalizada la clase, María, la niña de la que Miguel comenzaba a enamorarse cada día, una joven de sueños ligeros y voz cálida le tomó la mano y le dijo al oído que tenía una sorpresa para él. Caminaron a paso lento hasta el parque, se sentaron y ella lo miraba con ojos intranquilos pero felices, una suerte de miedo y ternura traía a María un poco agobiada. Fue ahí cuando le contó que su período venía con un atraso de un mes. Miguel sintió un tremendo escalofrío que recorrió todo su cuerpo… pero también vio la salida al tortuoso matrimonio que lo esperaba en casa.La abrazó, besó y le prometió que jamás la dejaría, luego compartieron una fresca naranja y permanecieron sentados largas horas en aquella banquita de madera… miraron por largo rato el cielo, como si el tiempo se detuviera nada más que para ellos.

Saturday, March 14, 2009

Y durmieron



En el estero se dejaba ver un pequeño resabio de la lluvia que empapó toda la finca y las luces de toda la casa estaban apagadas cuando David se desveló y salio a respirar aire húmedo y a sumergirse en la inmensa oscuridad.

Cuando de los labios de David se desprendió la primera bocanada para convertirse en vapor estalló en llanto, se sentó sobre un ladrillo y comenzó a mirar el triciclo de su hijo Damián, lo abrazó y lloró como un niño.

Al pasar los minutos hasta su cráneo se volvió frío y entró a la casa y se dirigió directo a la cocina. Calentó un tazón de leche y se sentó a beberlo con lentitud. Fue ahí cuando se dio cuenta de lo egoísta que estaba siendo… pues la muerte de su pequeño retoño no le dolía a él nada mas… su mujer también estaba sufriendo en demasía.

Apagó las luces de la cocina y entró a la habitación… ahí estaba Ricarda, tendida sobre la cama con su camisola bordada y sus piernas despilfarradas sobre toda la cama y soltaba uno que otro ronquido, un ronquido tierno. Se sentó en la punta de la cama y comenzó a acariciar las puntas de sus dedos del pie; ella hizo un pequeño movimiento somnoliento y se volteó para seguir durmiendo. David se recostó a su lado y besó su frente… la contempló por largo rato hasta dormirse.

Thursday, January 08, 2009

Camino de piedras, camino de esperanza.

He cometido muchos errores y
se estremece mi pecho cada vez
que recuerdo uno de ellos.
Una suerte de vida y muerte
vino a parar muchas veces a mi puerta,
pero en mi camino errado jamás comprendì
que era un remesón lo que en realidad me gobernaba.
Hubo dìas en los que quise llorar hasta desaserme en
el infinito llanto, un llanto que me llevaba al infierno...
un verdadero infierno en vida, de carne y hueso.
Sin embargo ahora comprendo que yo misma,
cada vez que contemplaba esa inmensidad de la
noche, esa inmensidad que te asusta y te hace sentir
ìnfimo en un mundo de gigantes, ahora comprendo...
que todo lo malo que me sucediò lo busquè con fuerzas.
Asì es... he cometido muchos errores en la vida, y sin embargo
sigo caminando, buscando, riendo, llorando, amando, odiando.
Tal vez seguirà nublàndose mi vista a medio andar y querrè
detenerme y golpear a quien se me cruce, y tal vez... quièn
sabe, seguirà empapàndome el sol con càlido rayo por las mañanas y
querrè llorar de alegrìa, pero lo que con certeza siento en mi alma, errante
y amante... que siempre volverè a estar de pie... aquì, al lado de todos ustedes.

Monday, December 29, 2008


La anciana



Los años pasaron como laurel en mi piel y como garrotes de dolor en mi corazón, la tarde no puede estar mas fría y lamento tanto no tener la suficiente harina para hornear los panecillos de chocolate que tanto le gustan a mis nietos, hoy cumplo noventa y dos años de vida, de deleite y de sabiduría, pero aquí, esperando que me visiten, les digo a todas esas morenitas que andan con delantales blancos y los bolsillos llenos de trabitas, colonias, cremas de manos y cuanta cosas nos traen de regalo aquí… pero todo queda para ellas, para que salgan en las noches con sus vagos, que las manosean y las devuelven con la pintura de ojos desvanecida, con la ropa triste y con un olor asqueroso a genitales, me dan asco todas estas prostitutas disfrazadas de inocentes palomas que cuidan ancianas, sin saber, las ordinarias, que todas estas mujeres, de grisáceo cabello, de ojos celestes la mayoría y de manos pecosas, fuimos señoras, reinas del te, piadosas mujeres de nuestros maridos y excelentes madres, tan excelentes madres… que hoy todos nuestros hijos y nietos son profesionales… ay que tristeza… tan buenas madres, que nos tienen tiradas aquí con estas mujeres, de las cuales hablo, quizás, estas morenitas pequeñas, de nalgas firmes y de brazos peludos, serán desde hoy, nuestra única compañía hasta que nos venga a buscar, silenciosa y justa… la muerte.

El ventanal que se encuentra a mi lado, o mejor dicho, me encuentro yo sentada a su lado, con un chal que tiene casi los mismos años que yo, me recuerda tardes de júbilo en el fundo, con formidables juntas de familión, los niños arrojándose sin miedos al agua, mis nueras y yernos halagando siempre mis trajes, el sol radiante, asando cada corpúsculo de piel y el viento azotando los sauces como un caudal de sensaciones, que si bien hoy las recuerdo ambiguamente, fueron mis mejores tardes, mis mejores años. Tengo tanto frío que las puntas de los dedos de mis pies no logran compenetrarse con el movimiento que les quiero dar y la nariz me duele… a veces, por las noches, me sangra y un rió de rojo mancha las sábanas, hasta que tengo que esperar unas dos horas, para que alguna enfermera se levante y me socorra, pero siempre, con la sangre, está mi orina, ya no puedo retenerla, y lloraba las primeras veces, ahora, la costumbre de despertarme empapada, me ha llevado a no tener vergüenza, a no tener vanidad femenina. Todas acá están en mi misma condición, pero ninguna de las que está acá, tiene el valor de pararse algunos minutos y contemplar las tardes frías, que ceden gotas de agua evaporadas en el vidrio, en donde paso mis dedos y juego, vuelvo a ser niña, juego, vuelvo a ser anciana y meada.

Hoy se, que será un gran día y todos mis hijos, que son seis, vendrán con pastelillos y mi torta preferida, de mazapán y naranja, me puedo comer una entera de ellas, aunque debo mantener la línea de mi delgado cuerpo, porque estoy adelgazando para probarme nuevamente mi vestido violeta, de alta costura, con el cual fuimos a la cena de Roberto, mi marido, cuando lo designaron Gerente general de la empresa que demoró eternos años en echar a andar, el mejor amigo de el, quien falleció dos años después del nombramiento, importaciones de varias maquinarias, mi hombre y mi razón de vivir… el no debe tardar en llegar, siempre llega antes de la hora, dice que es mejor llegar antes que atrasado, llegar después de la hora pactada, es mala educación, el me enseñó tantas cosas que ya no me acuerdo, pero sé, que entrará por esa puerta, con su traje gris, sus bigotes intactos y su fino aroma a tabaco, cada vez que se me acercaba, nos dábamos unos besos escondidos de los niños, pero fueron los besos prohibidos mas maravillosos que jamás di, ya se, que cuando el entre, estas mujercitas que me cuidan, querrán tirarse encima como víboras, interesadas y acaloradas, pero yo soy su mujer, su rubia de ojos astrales, así me decía, mi rubia.

Los minutos pasan, mis uñas están desgreñadas, pero no me las pintaré, porque quiero parecer natural y no que se den cuenta, de todo lo que he esperado su visita, tengo mucho frío, no quiero abrigarme mas, para no parecer enferma, no estoy enferma, estoy rancia, delgada y creo que huelo mal, una sed me tiene sin saliva casi, pero no daré tregua, los esperaré a todos con los brazos abiertos, para celebrar mi cumple años, como lo merezco y como toda mi vida, lo he celebrado. Pasan por al lado otras ancianas, con ojos llorones y nauseabundas, no soporto el olor de todas estas veteranas, a ellas nadie las viene a ver, pero tienen envidia de este día, saben que habrá una celebración enorme en este lugar, quiero que todos canten, que todos bailen y que estas paredes viejas igual que nosotras, cobren vida nuevamente, quiero que sea un día especial, aunque me está costando esfuerzos recordar cada nombre de mis hijos, pero me conformo, con recordar a Mariana, la mas parecida a mi, de nariz pequeña y ojos enormes, blanca y fina, pero nos separó siempre una vida de ideales, no me gusta su libertad, me asusta y me da envidia, jamás soporté ver tanta libertad en una mujer, que salió de mi vientre… pero hoy, le voy a decir, que también yo fui libre, a mi manera, que también bailé muchas veces hasta que la noche acabara. Dios, realmente doy gracias a la vida eterna que me halagó, porque soy tan afortunada, al recibir a todos aquí, en mi nuevo hogar, en esta casona de paredes manchadas, de suelo frío y con orina por doquier… pero tengo pena, nostalgia, ¿qué culpa tienen mis compañeras, de que me vengan a ver a mi y a ellas no?, tendré que ser bondadosa, porque no quiero que después de mi celebración, cuando estemos todas acostadas como de costumbre, con un televisor roñoso prendido hasta las tantas de la madrugada, escuchar a algunas lloriqueando, No, no quiero que eso suceda, por eso voy a invitarlas a todas a participar y que vean, lo guapo que son mis hijos, iguales ellos a su padre, iguales ellas a mi… que hermosa fui, que sociable fui y que afortunada soy, de recibirlos hoy.

Ha venido la mas diabólica de todas estas negras, a taparme y darme la maldita píldora, que me tiene viva y muerta a la vez, le he dicho, que no quiero tomarla hoy, no quiero dormir, porque vendrán todos a verme, pero insistió y actúa como si fuera un día común y corriente la muy sinvergüenza, me tapó a la fuerza y siguió caminando y drogando a todas las viejas, que rabia invadió mi mente por un segundo, me nublé por completo y comenzaron a lagrimear ahora mis ojos, mis párpados están tan flojos, tomo un espejo y me miro, no hay nada bello en el, solo yo, con recuerdos muertos… me asalta ahora la duda, porque las horas han pasado y no me he movido de esta silla, que tiene la misma frialdad que mis huesos, un témpano de hielo y aun no aparece nadie a celebrarme, ¿será que hoy no es mi cumpleaños, o será que se les ha olvidado?, si se les ha olvidado son todos unos mal agradecidos, por todos los años que les dediqué, vuelvo a llorar, ahora froto mis manos, las tengo casi congeladas, la lluvia se lanzó sobre el techo y golpea las latas, porque de eso es el techo, de pobres latas y los perros están mojados… repugnantes y eso me hace recordar, que mi memoria no está fallando del todo, porque siempre que cumplí años, llovía a cántaros y mirábamos todos como caía, hermosa, deslumbrante y fresca, la lluvia por el ventanal, que cobraba vida por cada gota que se desmoronaba en mi jardín, en mi maravillosa pradera… todo fue plácido en mi vida, a pesar de este triste final, a pesar de estar sospechando en este momento, que nadie vendrá a saludarme y seré como todas las otras veteranas, que después de la píldora, les da sueño y vuelven a dormir y a soñar quien sabe con que cosas, a soñar como yo en este momento.


Siguen pasando los minutos, ahora viene ella, una pequeña enfermera que nos tiene miedo pero se gana la vida atendiéndonos, soportando nuestros gritos, tristezas y desgracias, me toma del hombro, me sube a la silla de ruedas y en el camino, me dice al oído, “feliz cumpleaños señora Josefina”, me ha asaltado el llanto y la tomo de su mano, pequeña, le agradezco y la miro a los ojos, ella se asusta, pensando que me dará un ataque como siempre, de nervios, pero le aprieto fuerte la mano y seguimos el rumbo hasta el baño, para que me laven como de costumbre. Se sienta frente a mi, con un balde al lado de la tina y un paño, me comienza a sacar la ropa, ahí me vi desnuda, me puse atención desde el espejo y vi mis pechos, mientras ella les pasaba la húmeda tela con algo de jabón, los tengo lánguidos y cada uno mira a un lado, mis brazos de la misma manera y mi sexo ya no tiene vellos, sólo algunos esparcidos, mis piernas sueltas… soy una verdadera anciana. Ella sigue limpiándome y me ve llorar, me abraza, con mi desnudez y me da un beso en la frente, me seca, me pone la camisa de dormir y me lleva nuevamente a la habitación, para buscar a otra y volver con el mismo procedimiento.

Comienzo a darme cuenta, con la enorme desilusión, de que nadie vendrá… y cuando voy camino a la habitación, en la silla de ruedas, me detengo a mirar la humedad que se debilita en las plantas, verdes como toda la naturaleza que aborda el lugar, miro mis pies, fríos, que se congelan cada minuto mas, contemplo el vaporcillo que se desprende de la tierra y cierro los ojos, huelo la humedad dulce de este día, siento como ese pequeño soplido de la lluvia pasa despacio por mis pómulos y recorren mis oídos todos los sonidos, del baile sereno de todos los árboles, celosos del frío, del bicho que trata de sobrevivir y de todas las cosas que me recuerda este día, de toda la vida que traigo en mi mente. Me reclina ella, hacia la cama, resignada hago caso, ya no vale la pena hacer intentos por quedarme despierta, no llegó nadie y traba fuerza en mi, cuando me acuesto, la rabia y la desdicha, comienzo a odiarlos a todos, grito desenfrenada, me toman dos enfermeras y me tranquilizo, me tapan y se van, me quedo quieta, pensando que en algún lugar han de estar todos mis hijos, haciendo sus vidas, espero que estén muy felices de vivir y de disfrutar este día de lluvia y escasa luz… espero que todos se encuentren sanos y tengan muchos hijos, para que cuando envejezcan, los dejen en la absoluta soledad como la mía.

Comienza a faltarme la respiración y no hago nada por detener mi ahogo, la piel se comienza a poner tiesa y las ideas y la lluvia ya no cobran vida en mi, solo cierro los ojos y veo la blancura de mi sueño y trato de quedarme con el recuerdo de la gran vida que tuve… trato de volver a respirar, pero parece que el cerebro no le recuerda ya a mis pulmones, a mi cuerpo ni a nada, que debo luchar por respirar… me quedo tranquila y duermo, duermo y me voy en un eterno sueño recordándolos a todos y soñándolos a mi lado, para mi último cumple años.