Letras, mi refugio...

Yo muchas veces no se què hacer allà afuera en el mundo real, sin embargo siempre se què hacer aquì con mis letras...

Thursday, June 07, 2007

Derrame de imbecilidad







El sol brillaba entre medio de las persianas inmundas de mi ventana y el sabor agrio que tuve alguna vez en la conciencia lo borré, para reemplazarlo por un dulce placer mundano. Me revolqué en la cama, las sábanas estaban tan desordenadas que ya no había caso de seguir haciendo intentos por dormir, mi espalda sudaba inflamada, jamás sentí tanto calor estorbando mi pensamiento en un simple amanecer. Mis pechos jamás estuvieron tan holgazanes como esa mañana y el ruido de los conejos apareándose me dominaba… mas no pude levantarme ese día, la cama me hundió en un calor aterrador espesándose un pensamiento en la frente con ese gesto desconsiderado que suelo manifestar cuando estoy dudosa, un fruncimiento de cejas, al mismo tiempo con una pelusa reflejándose en el brillo de mis pupilas, que con escasas corrientes de aire se movía de un extremo a otro dentro de un agujero de las paredes de adobe, que para ese entonces, me encerraban en un eterno suspiro de mal hábito, de malos augurios y de tóxicos deseos.

Ahí estuve toda la mañana, con la misma cara de tarada que tengo cada vez que la impavidez se adueña de mis pies y me languidece bestialmente al colchón… mas allá de la puerta no hay nada, sólo un gato moribundo de hambre esperando que en su posillo de greda arroje algún comistrajo.

Sí, mi cuerpo estaba resignado a las sábanas, sin embargo no logrando dormir ni el pensamiento. Pero pasó el tiempo, mis ojos decayeron… un momento de relajo me adormece los tobillos, las rodillas… el abdomen, el pecho…finalmente el cerebro. Ahí comenzó el exilio de mis ideas, ahí comenzó esa pesadilla y mi gran imbecilidad.

Regadìo de atardecer



“Riachuelos de claridad desbocan sobre mis muslos y no puedo detenerlos, asi comienzo a entrar en gracia con el viento tierno que se deja caer a mi lado… así comienzo a estar sola en otra ocasión”.



Mis pies tentados por la brisa desvergonzada de cualquier tarde sobre el agua tibia que sobró del regado, un cemento húmedo pero caliente que deja a la luz del sol, salir ese vaporcito de verano, la regadora está descansando… me tiendo sobre el pasto húmedo y miro ese brillo implacable que se estremece en el cielo, imagino que es un espectáculo que el sol me regala a mi, sólo a mi.



Ellos ya se han ido, mi cuerpo reposa en paz y todo a mi alrededor está destinado para hacerme suspirar mientras que mis dedos de las manos amontonan piedrecillas del macetero, sonrío… suspiro… vuelvo a mirar el cielo...


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