¿ Es usted de aquì?

¿Es usted de aquí? Preguntó la rubia de tacones altos…
No, ¿acaso usted sí? Dijo el hombre de delgada contextura, añadiendo mientras encendía un cigarrillo: Al final no somos de ningún lugar, más que de la propia carne que encierra nuestra escencia… el alma.
Hicieron ambos un nudo de sus manos y comenzaron a caminar… ella sacó un cigarrillo del bolsillo trasero del pantalón de aquel larguirucho hombre y caminaron… dejaron pequeñas estelas de humo… y caminaron.

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