Una tarde de sol en el campo
Estoy aquí y no hay nada más que el veterano riachuelo que fluye como la vida… saboreo mis labios secos y me estoy quedando dormida porque no hay más nada que el suave sonido holgazán de la tarde.
Alimento mi somnolencia observando a medio tapar mis párpados con el rojizo de las aves al escapar asustadas con un golpe de piedra en el camino cuando pasa una vigorosa yegua buscando agua en algún charco confuso de barro y agua… una suerte de sed y rastrojos.
Ya mis ojos comienzan a cerrarse y se me hace frágil el cuerpo, sobre todo los dedos de mis pies que sienten un cosquilleo al ser dorados suavemente con el leve sol, y me asalta el deseo por ser tratada suavemente sobre la tierra… es cuando me pregunto ¿Quién atora mi simpleza cuándo mis miedos han marchado lejos?