Letras, mi refugio...

Yo muchas veces no se què hacer allà afuera en el mundo real, sin embargo siempre se què hacer aquì con mis letras...

Monday, December 29, 2008


La anciana



Los años pasaron como laurel en mi piel y como garrotes de dolor en mi corazón, la tarde no puede estar mas fría y lamento tanto no tener la suficiente harina para hornear los panecillos de chocolate que tanto le gustan a mis nietos, hoy cumplo noventa y dos años de vida, de deleite y de sabiduría, pero aquí, esperando que me visiten, les digo a todas esas morenitas que andan con delantales blancos y los bolsillos llenos de trabitas, colonias, cremas de manos y cuanta cosas nos traen de regalo aquí… pero todo queda para ellas, para que salgan en las noches con sus vagos, que las manosean y las devuelven con la pintura de ojos desvanecida, con la ropa triste y con un olor asqueroso a genitales, me dan asco todas estas prostitutas disfrazadas de inocentes palomas que cuidan ancianas, sin saber, las ordinarias, que todas estas mujeres, de grisáceo cabello, de ojos celestes la mayoría y de manos pecosas, fuimos señoras, reinas del te, piadosas mujeres de nuestros maridos y excelentes madres, tan excelentes madres… que hoy todos nuestros hijos y nietos son profesionales… ay que tristeza… tan buenas madres, que nos tienen tiradas aquí con estas mujeres, de las cuales hablo, quizás, estas morenitas pequeñas, de nalgas firmes y de brazos peludos, serán desde hoy, nuestra única compañía hasta que nos venga a buscar, silenciosa y justa… la muerte.

El ventanal que se encuentra a mi lado, o mejor dicho, me encuentro yo sentada a su lado, con un chal que tiene casi los mismos años que yo, me recuerda tardes de júbilo en el fundo, con formidables juntas de familión, los niños arrojándose sin miedos al agua, mis nueras y yernos halagando siempre mis trajes, el sol radiante, asando cada corpúsculo de piel y el viento azotando los sauces como un caudal de sensaciones, que si bien hoy las recuerdo ambiguamente, fueron mis mejores tardes, mis mejores años. Tengo tanto frío que las puntas de los dedos de mis pies no logran compenetrarse con el movimiento que les quiero dar y la nariz me duele… a veces, por las noches, me sangra y un rió de rojo mancha las sábanas, hasta que tengo que esperar unas dos horas, para que alguna enfermera se levante y me socorra, pero siempre, con la sangre, está mi orina, ya no puedo retenerla, y lloraba las primeras veces, ahora, la costumbre de despertarme empapada, me ha llevado a no tener vergüenza, a no tener vanidad femenina. Todas acá están en mi misma condición, pero ninguna de las que está acá, tiene el valor de pararse algunos minutos y contemplar las tardes frías, que ceden gotas de agua evaporadas en el vidrio, en donde paso mis dedos y juego, vuelvo a ser niña, juego, vuelvo a ser anciana y meada.

Hoy se, que será un gran día y todos mis hijos, que son seis, vendrán con pastelillos y mi torta preferida, de mazapán y naranja, me puedo comer una entera de ellas, aunque debo mantener la línea de mi delgado cuerpo, porque estoy adelgazando para probarme nuevamente mi vestido violeta, de alta costura, con el cual fuimos a la cena de Roberto, mi marido, cuando lo designaron Gerente general de la empresa que demoró eternos años en echar a andar, el mejor amigo de el, quien falleció dos años después del nombramiento, importaciones de varias maquinarias, mi hombre y mi razón de vivir… el no debe tardar en llegar, siempre llega antes de la hora, dice que es mejor llegar antes que atrasado, llegar después de la hora pactada, es mala educación, el me enseñó tantas cosas que ya no me acuerdo, pero sé, que entrará por esa puerta, con su traje gris, sus bigotes intactos y su fino aroma a tabaco, cada vez que se me acercaba, nos dábamos unos besos escondidos de los niños, pero fueron los besos prohibidos mas maravillosos que jamás di, ya se, que cuando el entre, estas mujercitas que me cuidan, querrán tirarse encima como víboras, interesadas y acaloradas, pero yo soy su mujer, su rubia de ojos astrales, así me decía, mi rubia.

Los minutos pasan, mis uñas están desgreñadas, pero no me las pintaré, porque quiero parecer natural y no que se den cuenta, de todo lo que he esperado su visita, tengo mucho frío, no quiero abrigarme mas, para no parecer enferma, no estoy enferma, estoy rancia, delgada y creo que huelo mal, una sed me tiene sin saliva casi, pero no daré tregua, los esperaré a todos con los brazos abiertos, para celebrar mi cumple años, como lo merezco y como toda mi vida, lo he celebrado. Pasan por al lado otras ancianas, con ojos llorones y nauseabundas, no soporto el olor de todas estas veteranas, a ellas nadie las viene a ver, pero tienen envidia de este día, saben que habrá una celebración enorme en este lugar, quiero que todos canten, que todos bailen y que estas paredes viejas igual que nosotras, cobren vida nuevamente, quiero que sea un día especial, aunque me está costando esfuerzos recordar cada nombre de mis hijos, pero me conformo, con recordar a Mariana, la mas parecida a mi, de nariz pequeña y ojos enormes, blanca y fina, pero nos separó siempre una vida de ideales, no me gusta su libertad, me asusta y me da envidia, jamás soporté ver tanta libertad en una mujer, que salió de mi vientre… pero hoy, le voy a decir, que también yo fui libre, a mi manera, que también bailé muchas veces hasta que la noche acabara. Dios, realmente doy gracias a la vida eterna que me halagó, porque soy tan afortunada, al recibir a todos aquí, en mi nuevo hogar, en esta casona de paredes manchadas, de suelo frío y con orina por doquier… pero tengo pena, nostalgia, ¿qué culpa tienen mis compañeras, de que me vengan a ver a mi y a ellas no?, tendré que ser bondadosa, porque no quiero que después de mi celebración, cuando estemos todas acostadas como de costumbre, con un televisor roñoso prendido hasta las tantas de la madrugada, escuchar a algunas lloriqueando, No, no quiero que eso suceda, por eso voy a invitarlas a todas a participar y que vean, lo guapo que son mis hijos, iguales ellos a su padre, iguales ellas a mi… que hermosa fui, que sociable fui y que afortunada soy, de recibirlos hoy.

Ha venido la mas diabólica de todas estas negras, a taparme y darme la maldita píldora, que me tiene viva y muerta a la vez, le he dicho, que no quiero tomarla hoy, no quiero dormir, porque vendrán todos a verme, pero insistió y actúa como si fuera un día común y corriente la muy sinvergüenza, me tapó a la fuerza y siguió caminando y drogando a todas las viejas, que rabia invadió mi mente por un segundo, me nublé por completo y comenzaron a lagrimear ahora mis ojos, mis párpados están tan flojos, tomo un espejo y me miro, no hay nada bello en el, solo yo, con recuerdos muertos… me asalta ahora la duda, porque las horas han pasado y no me he movido de esta silla, que tiene la misma frialdad que mis huesos, un témpano de hielo y aun no aparece nadie a celebrarme, ¿será que hoy no es mi cumpleaños, o será que se les ha olvidado?, si se les ha olvidado son todos unos mal agradecidos, por todos los años que les dediqué, vuelvo a llorar, ahora froto mis manos, las tengo casi congeladas, la lluvia se lanzó sobre el techo y golpea las latas, porque de eso es el techo, de pobres latas y los perros están mojados… repugnantes y eso me hace recordar, que mi memoria no está fallando del todo, porque siempre que cumplí años, llovía a cántaros y mirábamos todos como caía, hermosa, deslumbrante y fresca, la lluvia por el ventanal, que cobraba vida por cada gota que se desmoronaba en mi jardín, en mi maravillosa pradera… todo fue plácido en mi vida, a pesar de este triste final, a pesar de estar sospechando en este momento, que nadie vendrá a saludarme y seré como todas las otras veteranas, que después de la píldora, les da sueño y vuelven a dormir y a soñar quien sabe con que cosas, a soñar como yo en este momento.


Siguen pasando los minutos, ahora viene ella, una pequeña enfermera que nos tiene miedo pero se gana la vida atendiéndonos, soportando nuestros gritos, tristezas y desgracias, me toma del hombro, me sube a la silla de ruedas y en el camino, me dice al oído, “feliz cumpleaños señora Josefina”, me ha asaltado el llanto y la tomo de su mano, pequeña, le agradezco y la miro a los ojos, ella se asusta, pensando que me dará un ataque como siempre, de nervios, pero le aprieto fuerte la mano y seguimos el rumbo hasta el baño, para que me laven como de costumbre. Se sienta frente a mi, con un balde al lado de la tina y un paño, me comienza a sacar la ropa, ahí me vi desnuda, me puse atención desde el espejo y vi mis pechos, mientras ella les pasaba la húmeda tela con algo de jabón, los tengo lánguidos y cada uno mira a un lado, mis brazos de la misma manera y mi sexo ya no tiene vellos, sólo algunos esparcidos, mis piernas sueltas… soy una verdadera anciana. Ella sigue limpiándome y me ve llorar, me abraza, con mi desnudez y me da un beso en la frente, me seca, me pone la camisa de dormir y me lleva nuevamente a la habitación, para buscar a otra y volver con el mismo procedimiento.

Comienzo a darme cuenta, con la enorme desilusión, de que nadie vendrá… y cuando voy camino a la habitación, en la silla de ruedas, me detengo a mirar la humedad que se debilita en las plantas, verdes como toda la naturaleza que aborda el lugar, miro mis pies, fríos, que se congelan cada minuto mas, contemplo el vaporcillo que se desprende de la tierra y cierro los ojos, huelo la humedad dulce de este día, siento como ese pequeño soplido de la lluvia pasa despacio por mis pómulos y recorren mis oídos todos los sonidos, del baile sereno de todos los árboles, celosos del frío, del bicho que trata de sobrevivir y de todas las cosas que me recuerda este día, de toda la vida que traigo en mi mente. Me reclina ella, hacia la cama, resignada hago caso, ya no vale la pena hacer intentos por quedarme despierta, no llegó nadie y traba fuerza en mi, cuando me acuesto, la rabia y la desdicha, comienzo a odiarlos a todos, grito desenfrenada, me toman dos enfermeras y me tranquilizo, me tapan y se van, me quedo quieta, pensando que en algún lugar han de estar todos mis hijos, haciendo sus vidas, espero que estén muy felices de vivir y de disfrutar este día de lluvia y escasa luz… espero que todos se encuentren sanos y tengan muchos hijos, para que cuando envejezcan, los dejen en la absoluta soledad como la mía.

Comienza a faltarme la respiración y no hago nada por detener mi ahogo, la piel se comienza a poner tiesa y las ideas y la lluvia ya no cobran vida en mi, solo cierro los ojos y veo la blancura de mi sueño y trato de quedarme con el recuerdo de la gran vida que tuve… trato de volver a respirar, pero parece que el cerebro no le recuerda ya a mis pulmones, a mi cuerpo ni a nada, que debo luchar por respirar… me quedo tranquila y duermo, duermo y me voy en un eterno sueño recordándolos a todos y soñándolos a mi lado, para mi último cumple años.



1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

huou muy bueno se me paraon los pelos.
siga escribiend amiga y ya va ver como sale adelante otra vezzzz
te quiero siempre

8:57 PM  

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