Te busquè...

El dìa no estaba caluroso como de costumbre, asi que hice un moño en mi cabello y
salì a dar una caminata, pensando que te iba a encontrar en la multitud de gente
que deambula por el centro de la ciudad y nadie se da cuenta del dolor que traigo
a cuestas, pero es mejor asì, me averguenza que vean lo enamorada que sigue mi alma,
sin embargo, se que no debo buscarte ni perdonarte ni derramar una làgrima por tì.
Aunque el primer descorche de vino nocturno me hace llorar por tì, prefiero caminar
sobria por la ciudad, mirando cada rostro encubierto de calor para ver si puedo por
fin hallarte... pero jamàs sucede.
Puse mis pies en el cemento opaco de la calle y sentì un calor que recorrìa mi cuerpo entero,
me descubrì nerviosa, aunque somnolienta. Comencè a caminar y mirar las vitrinas tristes
de la ciudad, me detuve a mirar a cada hombre de traje, pero una vez que se volteaban me
percataba de que no eras tu, ningùn hombre tenìa esa implacable mirada tuya ni esos hermosos
labios que cada vez que tocaban los mìos sentìa que mi cuerpo se deshacìa.
Mientras mas me alejaba de mi casa màs me asaltaba la idea de encontrarte por ahì, ojalà devastado
para tomarte y salvarte, para ser una heroìna en tu vida. Pero no aparecìas ni en el polvo que levantaban
mis pies. Sòlo estabas en mi agònico pensamiento.
Cuando mi mirada se encontraba con la de otra persona, de vereda en vereda, pensaba, nadie se imagina
lo que ando buscando como una perra abandonada en estas calles, en estas calles que alguna vez transitè
contigo, mientras sostenìas mi mano y me mirabas con ojos tan llenos de amor... pero no fui capaz
de cuidarte amor... no fui capaz.
Ya con mis pies cansados mi caminata fue cesando al igual que mi esperanza de encontrarte en algùn rincòn.
Decidì devolvermme y comenzaron A bajar por mis mejillas unas làgrimas desilucionadas y ya no me importaba
que la gente se percatara de mi sufrimiento, ya no me importaba nada. Jamàs te volverìa a encontrar, pues
asumì entonces que te habìa perdido y preferì no seguir luchando. Ya no debìa seguir recordàndote ni continuar
con este absurdo dìa a dìa.
Un escalofrìo recorriò mi cuerpo y sentì que mi tristeza serìa mìa para siempre, como una maldita mochila siempre
te llevarìa en mis hombros como una interminable nostalgia de lo que alguna vez fuimos... de lo que jamàs
volverìamos a ser.
Me tumbè sobre el pasto y me deshice en tus recuerdos... recuerdo que llorè toda la tarde y no me cansè de tener
làstima de mi.
Enero 2011

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